Ahora sí que me estoy volviendo vieja. Hoy he tenido un ataque serio de nostalgia, con lágrimitas y todo.
No me acordé de nada emocionante, de mi padre recién fallecido, ni de mi madre ausente desde hace ya demasiado tiempo. Me acordé de cuando era jóven -¿más jóven?- no, no, dejémonos de cuentos, de cuando era realmente jóven.
Me acordé de Itaca, de mí Itaca, de "Ithaca, New York, Centrally Isolated" como decía una camiseta que llevaban los estudiantes de mi universidad. Del campus con el mayor índice de suicidios de la Ivy League, de belleza sobrecogedora con las caídas de agua, los bosques majestuosos, la sombra casi perpetua.
Pero sobre todo me acordé de mí, de lo era no tener casi pasado y tener sólo planes, planes y más planes, de tener la trillada "vida por delante", pero de verdad, sin hacer cuentas de cuánta vida útil me queda antes de tener edad para retirarme.
Me acordé del "Ann´s Revenge" -café con sabor a avellanas y salsa de chocolate-, de la sopa de almejas, de la vez que me caí sóla de camino a la universidad y perdí un zapato rojo, que me costó encontrar, del ataque de risa que me dió solita buscando el zapato......Me acordé del tiempo en que era yo sóla, cuando el pensar en mí no era egoismo sino lo normal.
Los brunches de los domingos, la misa para socializar, el enamoramiento imposible, la tésis de puro trámite, la música a todo volúmen en el walkman por entre los bosques, el bocadillo en la colina, el último Camel que me fumé, mi compañera de piso fantasma.
Lo peor es la tristeza infinita que me da saber que no hay forma humana de volver atrás, no para deshacer lo hecho o enmendar los errores, sino simplemente para volver a vivirlo otra vez y otra vez, y otra vez.
Tuesday, August 28, 2007
La antieulogía
Hoy se ha muerto Francisco Umbral, un intelectual español que me caía mal.
Nunca entendí a Paco, como le llamaban muchos de sus amigos. Siempre me pareció un pedante, una de esas personas que escribe para sus íntimos, columnas con significados ocultos, indescifrables para los no iniciados, de esas que te hacen sentir una hormiga por no ser española, por no ser de Madrid y por no haber merecido nunca el honor de conocer personalmente al gran escritor e intelectual Francisco Umbral. A decir verdad, el difunto es de las personas que a mí me hubiese dado pánico conocer, pues tenía esas miradas de juzgado de guardia: "-Vamos a ver, ¿tú a qué te dedicas? ¿qué has leído? ¿de dónde vienes? Si fuese newyorkino su pregunta lapidaria hubiese sido ¿what´s your story? Y eso para una persona sin profesión respetable o siquiera remunerada, que lee best-sellers, proveniente de un mini-país y con una historia de gente corriente, pues es matador.
Me llama la atención que aparte de sus méritos literarios, nadie menciona si era casado, si tenía hijos -sólo que se le murió uno de seis años-. Se mencionan sin embargo sus bufandas blancas y sus gafas de pasta, su voz profunda. Si Francisco Umbral hubiese sido mujer, otro gallo cantaría.
Pero Umbral no era mujer, ni yo lo conocía y a pesar de que me sigue cayendo mal, espero que descanse en paz.
Nunca entendí a Paco, como le llamaban muchos de sus amigos. Siempre me pareció un pedante, una de esas personas que escribe para sus íntimos, columnas con significados ocultos, indescifrables para los no iniciados, de esas que te hacen sentir una hormiga por no ser española, por no ser de Madrid y por no haber merecido nunca el honor de conocer personalmente al gran escritor e intelectual Francisco Umbral. A decir verdad, el difunto es de las personas que a mí me hubiese dado pánico conocer, pues tenía esas miradas de juzgado de guardia: "-Vamos a ver, ¿tú a qué te dedicas? ¿qué has leído? ¿de dónde vienes? Si fuese newyorkino su pregunta lapidaria hubiese sido ¿what´s your story? Y eso para una persona sin profesión respetable o siquiera remunerada, que lee best-sellers, proveniente de un mini-país y con una historia de gente corriente, pues es matador.
Me llama la atención que aparte de sus méritos literarios, nadie menciona si era casado, si tenía hijos -sólo que se le murió uno de seis años-. Se mencionan sin embargo sus bufandas blancas y sus gafas de pasta, su voz profunda. Si Francisco Umbral hubiese sido mujer, otro gallo cantaría.
Pero Umbral no era mujer, ni yo lo conocía y a pesar de que me sigue cayendo mal, espero que descanse en paz.
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