Thursday, November 09, 2006

La comunicación total

Dentro de poco más de una semana tendré visita de la familia. Mi hermana y mi cuñado vienen a Noruega.

Los que han vivido toda la vida en un mismo lugar no tienen idea de lo importante que es para los que vivimos fuera que alguien de "allá" vea como vivimos "aquí".

Esa hermana que ahora vendrá de visita lo sabe bien, pues ella también ha vivido la mayor parte de su vida alejada de la familia. De ella recibimos durante mucho tiempo unas fotos que a mí me parecían incomprensibles: primeros planos de una estantería, los muebles del comedor, el sofá de la sala como gran protagonista. Ella, sus hijas o su marido se escurrían como por accidente en las fotos de los muebles. Mi madre veía las fotos largamente, al detalle, con una expresión indescifrable. Supongo que ella siempre entendió el afán de mi hermana por mostrar su cotidianidad, por abrirnos una ventanita a sus dias enseñándonos los objetos que la rodeaban cuando se levantaba por la mañana, se tomaba un café o miraba la tele.

Me pregunto si será algo de estos tiempos eso de que es tan importante el contexto. No basta sólo con contar lo que haces, a quién ves y lo que sientes, hay que situar la acción en algún lugar y a veces las descripciones necesarias para situar al otro nos matan las ganas de seguir contando. La relación da un giro cuando tu interlocutor no sólo te oye o te lee sino que te vé, aunque sea a distancia. Cuando los otros saben a qué huele tu entorno, qué terreno pisas al salir de casa, cómo son los atardeceres desde la ventana de tu habitación la cosa cambia. La relación se hace más cercana.

Ahora tenemos otros medios. Con la cámara web podemos enseñar la casa, la vista que tenemos desde el balcón, incluso la hora del baño con todo el trasiego de niños y ropa y toallas volando detrás de la silla del ordenador, las voces, los ruidos, todo. Pero el deseo es el mismo. Transmitirle al otro las vivencias de nuestro mundo, comunicándonos totalmente.

Menos mal que me ha tocado este siglo y tengo a mi alcance todos estos artilugios. Sólo de pensar en las cartas que escribían los emigrantes del siglo pasado me entra una pereza enorme.

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