Saturday, September 11, 2021

Escribí esto hace la friolera de veinte años. Aún parece mentira.


New York, New York, mi homenaje personal.

 

Todos los habitantes del planeta que tienen acceso a TV, aunque nunca hallan puesto los pies allí, sienten que han estado en Nueva York.  Todos conocemos sus calles, sus vistas, su ritmo frenético, su Barrio Chino, Little Italy, etc.  Sospecho que esa constante exposición mediática es una de las muchas razones por las que muchos se sienten directamente implicados en la tragedia....

 

Pero ya los negocios están abriendo, la bolsa ha reanudado sus operaciones, en fin....que la vida sigue, con muchas ausencias, pero sigue.  Así que después de pasada una semana, no entiendo cómo se me sigue haciendo un nudo en la garganta cada vez que pienso en el asunto....Yo sé que no es para menos, pero hay algo, que en mí, va mas allá de lo inmenso de la tragedia.

 

He vivido en diferentes ciudades y en todas he sido muy feliz, pero hay algo que me une muy especialmente con Nueva York.  Yo fuí una vez una de esas ejecutivas aceleradas con abrigo y zapatillas de deporte, caminando con mi walkman a toda prisa, desde mi apartamento en el piso 23 de un rascacielos, a mi oficina en el piso 31 de otro rascacielos.  Los domingos me iba de paseo al Central Park y no sé ni cuándo, yo, que hasta el momento había sido medio Herodes, empecé a fijarme en los niños y a ilusionarme con la perspectiva de pasear a un bebé por aquel parque...Me tocó comprar mi test de embarazo en un drugstore de la esquina de mi casa y en una libreria de la otra esquina me compré todos los libros que pude sobre embarazo, parto y lactancia, entre ellos ese del título que me pareció tan especial "El Arte Femenino de Amamantar"...que ya hojearía después de dar a luz.  Me compré mi ropa de embarazo (incluído el vestido de mi boda) en una tienda que se llamaba "The Executive Mom" y comencé a comprar ropita del Baby Gap para el bebé.  El carrito lo encontré en una tienda del Lower East Side.  Mis colegas del trabajo me hicieron un "baby shower" en una sala de conferencias de las Naciones Unidas con vistas al East River.

 

La enfermera que me acompañó en un parto que duró bastante mas que su turno, llevaba unos aretes de cigueña con bebé incluído y cuando yo estaba ya al borde de la desesperación, llegó otra enfermera, enorme, que con elinconfundible acento de la ciudad me dijo: "OK, dices que quieres una cesárea? pues imagínate este dolor por tres dias mas....eso es una cesárea, y eso "cariño" sí que es dolor."  Y por supuesto, no hubo cesárea, sino un poco mas de esfuerzo, aplausos como en un partido de béisbol e Inés.  Saint Luke-Roosevelt Hospital, Junio del 93.

 

De camino a casa con mi hija en brazos, a la salida del hospital,  me saludaron todos los porteros de mi calle.  Cuando volví a hacer compras los empleados de "mi" supermercado que me habían visto embarazada se acercaron a ver a la niña.  Y desde mi apartamento, con los pechos destrozados, llorando de impotencia llamé a un número con prefijo 212 (de Manhattan) pidiendo ayuda.  Me contestó una líder de LLL, un ángel, anónima hasta hoy, que por cerca de cuarenta y cinco minutos, fué mi madre, mi padre, mi hermana, mi

amiga, mi ginecóloga, mi pediatra, mi psicoanalista....y que según me dijo al final era "nueva en ésto", que trabajaba en la Bolsa, que tenía una hija de tres años y que hacía "ésto" voluntariamente, gratis.

 

Otro número 212 me conectó con la mujer que me llevó a casa y me enseñó a manejar el sacaleches que yo había alquilado para ver si en verdad salía "algo".De Nueva York era también el pediatra ya mayor, gordito y bajito, quedespués de preguntarme sin miramientos, si le iba a pagar con cheque o en efectivo, se puso a jugar con mi bebita, a acariciarla como un abuelito por un largo rato, antes de examinarla lenta, meticulosa y amorosamente. 

 

En ese hervidero de gente que es esa ciudad, amamanté a mi hija en autobuses, en  los bancos de los parques, en las escaleras de los museos, en los probadores de las tiendas de la Quinta Avenida...y los neoyorquinos, al parecer siemprecon prisas y tan ensimismados en su propio mundo, me cedían los asientos en el autobus, le tocaban los pies desnudos a Inés....y por supuesto, me daban su opinión sobre todo: la forma en que la cargaba, la mucha o poca ropa que llevaba, las mejores mochilas, que si debería llevar gorro, que le pusiera calcetines. Nunca supe quien vivía en el apartamento de al lado, pero cuando iba por la calle con la niña en brazos era como tener 20 millones de vecinos metiches.

 

Y es difícil caminar por allí con un carrito de bebé y hay muchos coches y el ruido es infernal, todo el mundo va a lo suyo y en invierno se te hielan hasta las ideas....pero la Lavinia-mamá nació allá y gracias a esa "líder-ángel" la Lavinia-líder (de LLL) también nació allá.  Mi maternidad, unida desde entonces y para siempre a La Liga de la Leche, tiene mucho que vercon Nueva York .....por eso, esos aviones que atacaron el territorio de tan

entrañables memorias, también me pegaron a mí.

 


Madrid, Septiembre 2001

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