Tuesday, August 28, 2007

La antieulogía

Hoy se ha muerto Francisco Umbral, un intelectual español que me caía mal.

Nunca entendí a Paco, como le llamaban muchos de sus amigos. Siempre me pareció un pedante, una de esas personas que escribe para sus íntimos, columnas con significados ocultos, indescifrables para los no iniciados, de esas que te hacen sentir una hormiga por no ser española, por no ser de Madrid y por no haber merecido nunca el honor de conocer personalmente al gran escritor e intelectual Francisco Umbral. A decir verdad, el difunto es de las personas que a mí me hubiese dado pánico conocer, pues tenía esas miradas de juzgado de guardia: "-Vamos a ver, ¿tú a qué te dedicas? ¿qué has leído? ¿de dónde vienes? Si fuese newyorkino su pregunta lapidaria hubiese sido ¿what´s your story? Y eso para una persona sin profesión respetable o siquiera remunerada, que lee best-sellers, proveniente de un mini-país y con una historia de gente corriente, pues es matador.
Me llama la atención que aparte de sus méritos literarios, nadie menciona si era casado, si tenía hijos -sólo que se le murió uno de seis años-. Se mencionan sin embargo sus bufandas blancas y sus gafas de pasta, su voz profunda. Si Francisco Umbral hubiese sido mujer, otro gallo cantaría.

Pero Umbral no era mujer, ni yo lo conocía y a pesar de que me sigue cayendo mal, espero que descanse en paz.

Sunday, April 15, 2007

¡Bendito sea el calentamiento global!

Que no me oigan Al Gore y los suyos, pero si esta primavera gloriosa en el hemisferio norte es producto del calentamiento global...es difícil no desear que el Artico se deshaga de una vez por todas.

A pesar de no haber visto el famoso documental que ha despertado la conciencia de gran parte del mundo, no soy una inconsciente y sé que lo del cambio climático es serio y que mientras yo disfruto de esta cálida primavera -20 grados en Londres y Oslo, 27 en Bruselas, casi 30 en Colonia- se ha desbordado algún rio, hay poblaciones inundadas y cosechas que se han ido algarete.

Pero por una vez no quiero sentirme parte de la aldea global y sólo quiero disfrutar del solecito nórdico, sentada en la terraza, viendo una puesta de sol a las ocho y pico de la tarde, sin chaqueta...descalza.

Mañana retiraré lo dicho en aras de lo políticamente correcto y de una genuina preocupación por el futuro de mis nietos. Lo prometo.

Ecologismo en el supermercado

Ayer compré y nos comimos un pollo que en vida fué feliz. Y lo digo con convencimiento, porque el pollo me costó lo suyo, pero yo que no tengo "la cuchara" y tengo que seguir las recetas al pié de la letra, hice caso y me aseguré de que el pollo que iba a terminar en mi horno, se lo hubiese pasado bomba en vida.

Según la receta, muy inglesa ella, los pollos que viven al aire libre, picotean por el suelo y corren a sus anchas por la granja, son felices y producen la carne más sabrosa. Nada dice la receta sobre las espectativas que tendrá ese pollo sobre su destino, si es que las tiene, pues el saber que iba a terminar decapitado de mala manera, desplumado, vaciado, embalado y luego incinerado en mi horno, son para estresar a cualquiera.

Pero bueno, yo compré un pollo feliz y me lo comí sin remordimiento. Y la verdad es que nunca había sentido remordimiento por comerme un pollo desgraciado. Es más, a veces hasta me he sentido redentora de pollos: esos pobres pollos que viven una vida breve encerrados en enormes hangares, sin salir a ningúna parte, rodeados de una algarabía ensordecedora...para esos pollos la muerte es una liberación. Esos pollos no se suicidan por falta de espacio, porque seguro que ganas no les faltan.

Esta nueva corriente de eco-consumo dice que yo debo de sentirme más a gusto conmigo misma, cuando me coma un pollo que fué feliz, que disfrutó de los placeres mundanos de la granja, que vió atardeceres y que tuvo oportunidad de corretear bajo el sol. Y a mí eso me parece cruel. Yo prefiero lo de la redención y comerme al pollo liberado de su brutal existencia. Encima, ese pollo triste es más barato...y tristemente sabe casi igual que el pollo feliz, pues el sabor del pollo está determinado por el pienso que come y no por su calidad de vida ¿A quiénes pretenden engañar? Como diría mi portero favorito: "Un poquito de por favor".

Thursday, November 16, 2006

Falsa alarma

Iba a escribir sobre la nieve, porque el lúnes pasado parecía que había llegado ya la primera nieve del invierno, pero fué sólo una falsa alarma o mas bien un aperitivo de lo que se avecina.

La nieve es muy discreta, al contrario de la lluvia que a pesar de que en estas latitudes rara vez se anuncia con truenos y relámpagos, se deja oir cuando cae. La nieve no. En estas casas de doble cristal, como no estés frente a una ventana, ni te enteras que está nevando. Empiezas a notar mas silencio del normal, como si de pronto no hubiese tráfico en las calles y es que los coches sobre la nieve van como de puntillas. Luego se asoma una y ve toda la calle alfombrada.

Esta primera nieve fué efímera. Una noche nada mas, pocos centímetros. Al dia siguiente ya no había alfombra y estaba todo helado, era como andar sobre jabón, porque el hielo no es que sea discreto, ese es clandestino y traicionero.

Un mal paso y ¡zas!

Thursday, November 09, 2006

La comunicación total

Dentro de poco más de una semana tendré visita de la familia. Mi hermana y mi cuñado vienen a Noruega.

Los que han vivido toda la vida en un mismo lugar no tienen idea de lo importante que es para los que vivimos fuera que alguien de "allá" vea como vivimos "aquí".

Esa hermana que ahora vendrá de visita lo sabe bien, pues ella también ha vivido la mayor parte de su vida alejada de la familia. De ella recibimos durante mucho tiempo unas fotos que a mí me parecían incomprensibles: primeros planos de una estantería, los muebles del comedor, el sofá de la sala como gran protagonista. Ella, sus hijas o su marido se escurrían como por accidente en las fotos de los muebles. Mi madre veía las fotos largamente, al detalle, con una expresión indescifrable. Supongo que ella siempre entendió el afán de mi hermana por mostrar su cotidianidad, por abrirnos una ventanita a sus dias enseñándonos los objetos que la rodeaban cuando se levantaba por la mañana, se tomaba un café o miraba la tele.

Me pregunto si será algo de estos tiempos eso de que es tan importante el contexto. No basta sólo con contar lo que haces, a quién ves y lo que sientes, hay que situar la acción en algún lugar y a veces las descripciones necesarias para situar al otro nos matan las ganas de seguir contando. La relación da un giro cuando tu interlocutor no sólo te oye o te lee sino que te vé, aunque sea a distancia. Cuando los otros saben a qué huele tu entorno, qué terreno pisas al salir de casa, cómo son los atardeceres desde la ventana de tu habitación la cosa cambia. La relación se hace más cercana.

Ahora tenemos otros medios. Con la cámara web podemos enseñar la casa, la vista que tenemos desde el balcón, incluso la hora del baño con todo el trasiego de niños y ropa y toallas volando detrás de la silla del ordenador, las voces, los ruidos, todo. Pero el deseo es el mismo. Transmitirle al otro las vivencias de nuestro mundo, comunicándonos totalmente.

Menos mal que me ha tocado este siglo y tengo a mi alcance todos estos artilugios. Sólo de pensar en las cartas que escribían los emigrantes del siglo pasado me entra una pereza enorme.

Adelante otra vez

¡Se acabó la espera! Recibí mi re-certificación como consultora de lactancia por cinco años más, aprobé el exámen de noruego, ganaron los sandinistas en Nicaragua -que a pesar de todo me alegra-. En los Estados Unidos ganaron los demócratas y ya empiezan a rodar las cabezas republicanas. Tengo permiso de residencia y trabajo.

No pinta mal el invierno, para nada.

Wednesday, November 01, 2006

En compás de espera

Tenía buenos propósitos. Sentarme a escribir todos los dias, aunque fuese un poquito y me he quedado en blanco, porque mi mente está a la espera. Espero que caiga la primera nieve que se han pasado anunciando desde el sábado pasado y nada. Espero, y esto lo hago con temor, el resultado de las elecciones en Nicaragua. Estoy esperando que me renueven el permiso de trabajo en Noruega; espero respuesta a unas solicitudes de trabajo que mandé hace semanas; espero los resultados del exámen que hice el 7 de octubre. Espero, espero y me desespero esperando. Lo pero es que me inmoviliza la espera. ¡Algo habrá que hacer!