Que no me oigan Al Gore y los suyos, pero si esta primavera gloriosa en el hemisferio norte es producto del calentamiento global...es difícil no desear que el Artico se deshaga de una vez por todas.
A pesar de no haber visto el famoso documental que ha despertado la conciencia de gran parte del mundo, no soy una inconsciente y sé que lo del cambio climático es serio y que mientras yo disfruto de esta cálida primavera -20 grados en Londres y Oslo, 27 en Bruselas, casi 30 en Colonia- se ha desbordado algún rio, hay poblaciones inundadas y cosechas que se han ido algarete.
Pero por una vez no quiero sentirme parte de la aldea global y sólo quiero disfrutar del solecito nórdico, sentada en la terraza, viendo una puesta de sol a las ocho y pico de la tarde, sin chaqueta...descalza.
Mañana retiraré lo dicho en aras de lo políticamente correcto y de una genuina preocupación por el futuro de mis nietos. Lo prometo.
Sunday, April 15, 2007
Ecologismo en el supermercado
Ayer compré y nos comimos un pollo que en vida fué feliz. Y lo digo con convencimiento, porque el pollo me costó lo suyo, pero yo que no tengo "la cuchara" y tengo que seguir las recetas al pié de la letra, hice caso y me aseguré de que el pollo que iba a terminar en mi horno, se lo hubiese pasado bomba en vida.
Según la receta, muy inglesa ella, los pollos que viven al aire libre, picotean por el suelo y corren a sus anchas por la granja, son felices y producen la carne más sabrosa. Nada dice la receta sobre las espectativas que tendrá ese pollo sobre su destino, si es que las tiene, pues el saber que iba a terminar decapitado de mala manera, desplumado, vaciado, embalado y luego incinerado en mi horno, son para estresar a cualquiera.
Pero bueno, yo compré un pollo feliz y me lo comí sin remordimiento. Y la verdad es que nunca había sentido remordimiento por comerme un pollo desgraciado. Es más, a veces hasta me he sentido redentora de pollos: esos pobres pollos que viven una vida breve encerrados en enormes hangares, sin salir a ningúna parte, rodeados de una algarabía ensordecedora...para esos pollos la muerte es una liberación. Esos pollos no se suicidan por falta de espacio, porque seguro que ganas no les faltan.
Esta nueva corriente de eco-consumo dice que yo debo de sentirme más a gusto conmigo misma, cuando me coma un pollo que fué feliz, que disfrutó de los placeres mundanos de la granja, que vió atardeceres y que tuvo oportunidad de corretear bajo el sol. Y a mí eso me parece cruel. Yo prefiero lo de la redención y comerme al pollo liberado de su brutal existencia. Encima, ese pollo triste es más barato...y tristemente sabe casi igual que el pollo feliz, pues el sabor del pollo está determinado por el pienso que come y no por su calidad de vida ¿A quiénes pretenden engañar? Como diría mi portero favorito: "Un poquito de por favor".
Según la receta, muy inglesa ella, los pollos que viven al aire libre, picotean por el suelo y corren a sus anchas por la granja, son felices y producen la carne más sabrosa. Nada dice la receta sobre las espectativas que tendrá ese pollo sobre su destino, si es que las tiene, pues el saber que iba a terminar decapitado de mala manera, desplumado, vaciado, embalado y luego incinerado en mi horno, son para estresar a cualquiera.
Pero bueno, yo compré un pollo feliz y me lo comí sin remordimiento. Y la verdad es que nunca había sentido remordimiento por comerme un pollo desgraciado. Es más, a veces hasta me he sentido redentora de pollos: esos pobres pollos que viven una vida breve encerrados en enormes hangares, sin salir a ningúna parte, rodeados de una algarabía ensordecedora...para esos pollos la muerte es una liberación. Esos pollos no se suicidan por falta de espacio, porque seguro que ganas no les faltan.
Esta nueva corriente de eco-consumo dice que yo debo de sentirme más a gusto conmigo misma, cuando me coma un pollo que fué feliz, que disfrutó de los placeres mundanos de la granja, que vió atardeceres y que tuvo oportunidad de corretear bajo el sol. Y a mí eso me parece cruel. Yo prefiero lo de la redención y comerme al pollo liberado de su brutal existencia. Encima, ese pollo triste es más barato...y tristemente sabe casi igual que el pollo feliz, pues el sabor del pollo está determinado por el pienso que come y no por su calidad de vida ¿A quiénes pretenden engañar? Como diría mi portero favorito: "Un poquito de por favor".
Thursday, November 16, 2006
Falsa alarma
Iba a escribir sobre la nieve, porque el lúnes pasado parecía que había llegado ya la primera nieve del invierno, pero fué sólo una falsa alarma o mas bien un aperitivo de lo que se avecina.
La nieve es muy discreta, al contrario de la lluvia que a pesar de que en estas latitudes rara vez se anuncia con truenos y relámpagos, se deja oir cuando cae. La nieve no. En estas casas de doble cristal, como no estés frente a una ventana, ni te enteras que está nevando. Empiezas a notar mas silencio del normal, como si de pronto no hubiese tráfico en las calles y es que los coches sobre la nieve van como de puntillas. Luego se asoma una y ve toda la calle alfombrada.
Esta primera nieve fué efímera. Una noche nada mas, pocos centímetros. Al dia siguiente ya no había alfombra y estaba todo helado, era como andar sobre jabón, porque el hielo no es que sea discreto, ese es clandestino y traicionero.
Un mal paso y ¡zas!
La nieve es muy discreta, al contrario de la lluvia que a pesar de que en estas latitudes rara vez se anuncia con truenos y relámpagos, se deja oir cuando cae. La nieve no. En estas casas de doble cristal, como no estés frente a una ventana, ni te enteras que está nevando. Empiezas a notar mas silencio del normal, como si de pronto no hubiese tráfico en las calles y es que los coches sobre la nieve van como de puntillas. Luego se asoma una y ve toda la calle alfombrada.
Esta primera nieve fué efímera. Una noche nada mas, pocos centímetros. Al dia siguiente ya no había alfombra y estaba todo helado, era como andar sobre jabón, porque el hielo no es que sea discreto, ese es clandestino y traicionero.
Un mal paso y ¡zas!
Thursday, November 09, 2006
La comunicación total
Dentro de poco más de una semana tendré visita de la familia. Mi hermana y mi cuñado vienen a Noruega.
Los que han vivido toda la vida en un mismo lugar no tienen idea de lo importante que es para los que vivimos fuera que alguien de "allá" vea como vivimos "aquí".
Esa hermana que ahora vendrá de visita lo sabe bien, pues ella también ha vivido la mayor parte de su vida alejada de la familia. De ella recibimos durante mucho tiempo unas fotos que a mí me parecían incomprensibles: primeros planos de una estantería, los muebles del comedor, el sofá de la sala como gran protagonista. Ella, sus hijas o su marido se escurrían como por accidente en las fotos de los muebles. Mi madre veía las fotos largamente, al detalle, con una expresión indescifrable. Supongo que ella siempre entendió el afán de mi hermana por mostrar su cotidianidad, por abrirnos una ventanita a sus dias enseñándonos los objetos que la rodeaban cuando se levantaba por la mañana, se tomaba un café o miraba la tele.
Me pregunto si será algo de estos tiempos eso de que es tan importante el contexto. No basta sólo con contar lo que haces, a quién ves y lo que sientes, hay que situar la acción en algún lugar y a veces las descripciones necesarias para situar al otro nos matan las ganas de seguir contando. La relación da un giro cuando tu interlocutor no sólo te oye o te lee sino que te vé, aunque sea a distancia. Cuando los otros saben a qué huele tu entorno, qué terreno pisas al salir de casa, cómo son los atardeceres desde la ventana de tu habitación la cosa cambia. La relación se hace más cercana.
Ahora tenemos otros medios. Con la cámara web podemos enseñar la casa, la vista que tenemos desde el balcón, incluso la hora del baño con todo el trasiego de niños y ropa y toallas volando detrás de la silla del ordenador, las voces, los ruidos, todo. Pero el deseo es el mismo. Transmitirle al otro las vivencias de nuestro mundo, comunicándonos totalmente.
Menos mal que me ha tocado este siglo y tengo a mi alcance todos estos artilugios. Sólo de pensar en las cartas que escribían los emigrantes del siglo pasado me entra una pereza enorme.
Los que han vivido toda la vida en un mismo lugar no tienen idea de lo importante que es para los que vivimos fuera que alguien de "allá" vea como vivimos "aquí".
Esa hermana que ahora vendrá de visita lo sabe bien, pues ella también ha vivido la mayor parte de su vida alejada de la familia. De ella recibimos durante mucho tiempo unas fotos que a mí me parecían incomprensibles: primeros planos de una estantería, los muebles del comedor, el sofá de la sala como gran protagonista. Ella, sus hijas o su marido se escurrían como por accidente en las fotos de los muebles. Mi madre veía las fotos largamente, al detalle, con una expresión indescifrable. Supongo que ella siempre entendió el afán de mi hermana por mostrar su cotidianidad, por abrirnos una ventanita a sus dias enseñándonos los objetos que la rodeaban cuando se levantaba por la mañana, se tomaba un café o miraba la tele.
Me pregunto si será algo de estos tiempos eso de que es tan importante el contexto. No basta sólo con contar lo que haces, a quién ves y lo que sientes, hay que situar la acción en algún lugar y a veces las descripciones necesarias para situar al otro nos matan las ganas de seguir contando. La relación da un giro cuando tu interlocutor no sólo te oye o te lee sino que te vé, aunque sea a distancia. Cuando los otros saben a qué huele tu entorno, qué terreno pisas al salir de casa, cómo son los atardeceres desde la ventana de tu habitación la cosa cambia. La relación se hace más cercana.
Ahora tenemos otros medios. Con la cámara web podemos enseñar la casa, la vista que tenemos desde el balcón, incluso la hora del baño con todo el trasiego de niños y ropa y toallas volando detrás de la silla del ordenador, las voces, los ruidos, todo. Pero el deseo es el mismo. Transmitirle al otro las vivencias de nuestro mundo, comunicándonos totalmente.
Menos mal que me ha tocado este siglo y tengo a mi alcance todos estos artilugios. Sólo de pensar en las cartas que escribían los emigrantes del siglo pasado me entra una pereza enorme.
Adelante otra vez
¡Se acabó la espera! Recibí mi re-certificación como consultora de lactancia por cinco años más, aprobé el exámen de noruego, ganaron los sandinistas en Nicaragua -que a pesar de todo me alegra-. En los Estados Unidos ganaron los demócratas y ya empiezan a rodar las cabezas republicanas. Tengo permiso de residencia y trabajo.
No pinta mal el invierno, para nada.
No pinta mal el invierno, para nada.
Wednesday, November 01, 2006
En compás de espera
Tenía buenos propósitos. Sentarme a escribir todos los dias, aunque fuese un poquito y me he quedado en blanco, porque mi mente está a la espera. Espero que caiga la primera nieve que se han pasado anunciando desde el sábado pasado y nada. Espero, y esto lo hago con temor, el resultado de las elecciones en Nicaragua. Estoy esperando que me renueven el permiso de trabajo en Noruega; espero respuesta a unas solicitudes de trabajo que mandé hace semanas; espero los resultados del exámen que hice el 7 de octubre. Espero, espero y me desespero esperando. Lo pero es que me inmoviliza la espera. ¡Algo habrá que hacer!
Thursday, October 26, 2006
La vuelta atrás
A escasos 10 dias de una de las elecciones más reñidas e inciertas de la historia del país, el Congreso de los Diputados de Nicaragua se dispone a derrogar la ley que permite el aborto terapéutico. La Iglesia católica ha aprovechado la oportunidad para hacer valer el enorme poder que ejerce en un país mayoritariamente católico y devoto.
A rio revuelto, ganancia de pescadores. ¿Pero cuál es la ganancia y para quién? Nicaragua es uno de los paises de América Latina con mayor cantidad de embarazos de adolecentes, la mayoría de los cuáles son producto de violaciones, o lo que es peor, de incesto. Pero como ya escribió brillantemente una amiga "en Nicaragua mientras sos feto sos VIP, al nacer te volvés preocupación de UNICEF". Entre una niña pobre de 12 años, violada y embarazada por su propio padre, y el bebé que espera, hay que escoger a este último a sabiendas de que su desarrollo gestacional será precario, que nacerá con bajo peso, sufrirá seguramente algun grado de desnutrición y tendrá pocas posibilidades de llegar al año. Lo siento, pero ese feto me produce muy poca simpatía, por mucho que lo pongan como víctima aterrorizada en ese video trucado y macabro que utilizan como bandera los movimientos "pro-vida-de-fetos".
Lo que defiendo yo apasionadamente es la vida de esa niña de 12 años. Llegar a esa edad desde su condición de pobre en Nicaragua es un heroísmo. Esa niña es una luchadora, una sobreviviente de enfermedades, de abusos varios -porque la niñéz de los pobres no es nada idílica-. Esa vida que tiene nombre, memoria, alguien que la quiere, me importa más que la de ese feto que no es mas que un humano en potencia y además no es deseado. Para mi la opción no es difícil. Entre la niña embarazada o su hijo, yo escojo a la niña, sin asco. Como también escojo a la mujer de 30 y tantos años embarazada por novena vez, con cuatro hijos nacidos vivos a su cargo que decide que ya no puede más. No se trata de vivir sólamente, se trata de tener una vida.
Pero lo más importante es que ni yo ni nadie escoja por ellas. El principio que está detrás de la ley del aborto terapéutico, es precisamente la posibilidad de que las nicaragüenses embarazadas, ante un embarazo que represente un riesgo para su integridad física o mental, tengan la posibilidad de escoger. Eso es un derecho humano, lo demás es demagogia.
Triste es también ver a los otrora defensores de la libertad, de la igualdad, a los guerrilleros que un dia le dieron una esperanza a todo el país, postrados ante el posibilidad de ganar unos votos más, traicionando lo que parecían sus firmes convicciones. Los muchachos, antíguos militantes de la Juventud Sandinista, sindicalistas combativos, los "compas", ahora panzones y calvos, besándole el anillo a Obando o al otro panzón de turno, haciendo causa común con los poderosos del pais. Pobres ilusos! No se dan cuenta esos ex-compas, que para los que tienen el poder económico en Nicaragua, ellos siguen siendo los "mengalos útiles".
Lo que está pasando me repugna, pero no me extraña. El respeto a la mujer de los sandinista -y distingo los de las- fué siempre una mera fachada, una estrategia para conseguir alianzas o mantener quietecitas y contenidas a las "compañeras" del partido. A las pruebas me remito: Daniel Ortega abusando de su hijastra a vista y paciencia de sus escoltas y amigos, las otras muchas compañeras echadas de lado en cuanto salían embarazadas o se enamoraban del hombre equivocado, las que sufrieron palizas a mano de los comandantes -y de todos los rangos- en un silencio humillante para no amenazar la Revolución. Caro vamos a pagar ese silencio ahora.
Siento verguenza, tristeza e impotencia de ver cómo Nicaragua va para atrás, hacia la infame Edad de la Percha.
A rio revuelto, ganancia de pescadores. ¿Pero cuál es la ganancia y para quién? Nicaragua es uno de los paises de América Latina con mayor cantidad de embarazos de adolecentes, la mayoría de los cuáles son producto de violaciones, o lo que es peor, de incesto. Pero como ya escribió brillantemente una amiga "en Nicaragua mientras sos feto sos VIP, al nacer te volvés preocupación de UNICEF". Entre una niña pobre de 12 años, violada y embarazada por su propio padre, y el bebé que espera, hay que escoger a este último a sabiendas de que su desarrollo gestacional será precario, que nacerá con bajo peso, sufrirá seguramente algun grado de desnutrición y tendrá pocas posibilidades de llegar al año. Lo siento, pero ese feto me produce muy poca simpatía, por mucho que lo pongan como víctima aterrorizada en ese video trucado y macabro que utilizan como bandera los movimientos "pro-vida-de-fetos".
Lo que defiendo yo apasionadamente es la vida de esa niña de 12 años. Llegar a esa edad desde su condición de pobre en Nicaragua es un heroísmo. Esa niña es una luchadora, una sobreviviente de enfermedades, de abusos varios -porque la niñéz de los pobres no es nada idílica-. Esa vida que tiene nombre, memoria, alguien que la quiere, me importa más que la de ese feto que no es mas que un humano en potencia y además no es deseado. Para mi la opción no es difícil. Entre la niña embarazada o su hijo, yo escojo a la niña, sin asco. Como también escojo a la mujer de 30 y tantos años embarazada por novena vez, con cuatro hijos nacidos vivos a su cargo que decide que ya no puede más. No se trata de vivir sólamente, se trata de tener una vida.
Pero lo más importante es que ni yo ni nadie escoja por ellas. El principio que está detrás de la ley del aborto terapéutico, es precisamente la posibilidad de que las nicaragüenses embarazadas, ante un embarazo que represente un riesgo para su integridad física o mental, tengan la posibilidad de escoger. Eso es un derecho humano, lo demás es demagogia.
Triste es también ver a los otrora defensores de la libertad, de la igualdad, a los guerrilleros que un dia le dieron una esperanza a todo el país, postrados ante el posibilidad de ganar unos votos más, traicionando lo que parecían sus firmes convicciones. Los muchachos, antíguos militantes de la Juventud Sandinista, sindicalistas combativos, los "compas", ahora panzones y calvos, besándole el anillo a Obando o al otro panzón de turno, haciendo causa común con los poderosos del pais. Pobres ilusos! No se dan cuenta esos ex-compas, que para los que tienen el poder económico en Nicaragua, ellos siguen siendo los "mengalos útiles".
Lo que está pasando me repugna, pero no me extraña. El respeto a la mujer de los sandinista -y distingo los de las- fué siempre una mera fachada, una estrategia para conseguir alianzas o mantener quietecitas y contenidas a las "compañeras" del partido. A las pruebas me remito: Daniel Ortega abusando de su hijastra a vista y paciencia de sus escoltas y amigos, las otras muchas compañeras echadas de lado en cuanto salían embarazadas o se enamoraban del hombre equivocado, las que sufrieron palizas a mano de los comandantes -y de todos los rangos- en un silencio humillante para no amenazar la Revolución. Caro vamos a pagar ese silencio ahora.
Siento verguenza, tristeza e impotencia de ver cómo Nicaragua va para atrás, hacia la infame Edad de la Percha.
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