Sunday, August 01, 2010

Verano 2010,Mis vacaciones en multitud.


Nos preparamos para ir de vacaciones. Hay que pedir que nos guarden el correo, suspender temporalmente el periódico, buscar un lugar para las pocas joyas, que más que valor material tienen valor sentimental.....y luego proteger las joyas de verdad, las memorias digitales.

Como han habido algunos robos en casas de gente que conozco en mi barrio, me hice la pregunta ¿Qué es lo más valioso que tengo en mi casa? ¡Mi computadora! Allí viven ahora todos mis amigos, allí tengo archivadas miles de cosas: cartas, diarios, escritos inéditos, lecciones de español, el acceso al dinero, y nuestras fotos, nuestros videos....las cosas que en caso de desastres naturales o de robo, no hay seguro que te reponga. Así que hice copias de seguridad como loca, siempre a última hora, pero las hice y las dejé a buen resguardo en casa de unos amigos. ¡Phewwww!

Como el mantra de las vacaciones es "desconectar" el consejo de familia decidió que la computadora portátil se quedaba en casa.....y yo me empecé a estresar: ¿Tres semanas sin email, sin internet? ¡Sobre mi cadáver!

Vamos a ver, yo no soy "workaholic", pero soy gregaria compulsiva. Eso de irme a un lugar en plan ermitaña, alejada del mundanal ruido definitivamente no va conmigo. ¡A mí me encanta el mundanal ruido! Soy definitivamente urbana, adoro el asfalto y la contaminación, y sobre todo me gusta sentirme rodeada de gente. Disfruto de mis momentos de soledad, cuando sé que los puedo romper con una llamada de teléfono, o con simplemente salir y caminar unos cuantos minutos. Sufro lo indecible cuándo no puedo leer periódicos, cuando cuando no puedo localizar a la gente que quiero y ellos no me pueden localizar a mí.

Desde hace meses tengo uno de esos teléfonos inteligentes, un iPhone, así que configuré mis cuentas de correo y me dispuse a viajar con el ciberespacio siempre al alcance de la mano. Destino: La Antigua Grecia, paraíso arqueológico..........y territorio hiperconectado. Hot spots por todo Atenas, hoteles con wifi y computadoras a disposición de los huéspedes. Luego seguimos a las islas, las Cícladas, y el mismo panorama: ¡internet hasta en la playa!

!Fantástico! Sentí que me iba de vacaciones con toda mi gente, con la tranquilidad de saber que no me encontraría sorpresas a mi vuelta. Adoro la tecnología que permite que vivamos constantemente y mundialmente acompañados.






Sunday, July 06, 2008

Noventa años de Mandela

Durante las década de los ochenta vivía yo en Managua, Nicaragua, en lo que políticamente podría ser considerado uno de los puntos calientes del planeta.  En las noticias todo el dia, con un montón de cosas pasando, un pais chiquito en medio de la guerra fría que llegaba a su fín.

Sinembargo yo estaba interesada en otra realidad, otras injusticias lejanas y mi obsesión era un preso político, Nelson Mandela, que llevaba preso casi tanto tiempo como yo llevaba viva.

Si la existencia del muro de Berlín había sido mi obsesión de niñéz: ¿Una pared que divide una ciudad, cómo es posible? Mandela se convirtió en mi obsesión de adulta.  Ganada la Revolución en Nicaragua, lo del apartheid en Sudáfrica me parecía la urgencia más grande del mundo.

¿Cómo podía yo irme a dormir todos los días sabiendo que en ese país seguían pasando cosas como las que yo había visto en la tele, en los años 5o en los Estados Unidos?  Y estábamos en el siglo 20 y los sudafricanos blancos viajaban -yo había conocido a uno cuando vivía a Barcelona- y podían ver que vivían en un total anacronismo.  ¿Cómo vivir indiferente a lo que allí pasaba?

El calendario de mi oficina en el Centro de Información de las Naciones Unidas en Managua, estaba marcado por las celebraciones africanas: el dia de Soweto, el dia de las mujeres de Soweto, el dia de la SWAPO, etc. y yo me dediqué a recorrer los colegios y universidades de la Nicaragua revolucionaria con el proyector y los rollos de películas que hablaban sobre la lucha de Mandela, que explicaban la mentalidad del "rand", la resistencia de su mujer Winnie, el levantamiento de Soweto -un lugar tan parecido físicamente a los asentamientos de Managua y sin embargo, tan lejano- y por extensión la lucha del SWAPO por la liberación de la vecina Namibia.  

Nadie me hacía caso.  La realidad del país, la guerra de la contrarevolución, las necesidades, los racionamientos de gasolina, hacían que las aspiraciones del Africa austral, no le interesaran a nadie en Nicaragua. Es como cuando uno está enfermo, que se vuelve egoista y es incapáz de pensar en las necesidades de los demás.

Me tocó nutrir solita mi obsesión.  Cuando estaba a punto de terminar mi tésis de maestría en USA en el 88, me ofrecieron ir con la ONU a trabajar en la organización y la supervisión de las elecciones en Namibia.  De Namibia a Sudáfrica...¡un paso! Sin embargo dije que no, con todo el dolor de mi alma.  Irme significaba dejar la tésis y por lo tanto mi grado sin terminar.  No graduarme.  Durante muchos años me he convencido de haber hecho lo correcto: si me hubiese ido, no hubiese vuelto a Nicaragua, no hubiese conocido a mi marido, no tendría hoy a mis hijos.

A pesar de mis afectos que son muchos, de mis hijos y mi marido a los que adoro, de mi vida inesperada pero feliz, son muchas las veces que he repasado el momento en que tomé esa decisión como una película y con mucha nostalgia.  Lo que pudo ser y no fué.  No me atrevo a comparar ni a elucubrar sobre lo que haría si la vida me diese otra vez esa oportunidad.  Esa es una segunda oportunidad que estoy segura que no voy a tener y he aprendido a vivir con esa decisión.  Es lo que toca hacer. 

En Febrero de 1990 soltaron a Nelson Mandela y nadie me hizo caso cuando llegué toda contenta a la oficina.  En Nicaragua estábamos todos pendientes de las elecciones, en las que luego saldría derrotada la Revolución.  Un mismo mes para pasar de la más sincera alegría a la más profunda de las tristezas.

A principios del verano de 1993 nació mi hija mayor.  En diciembre del mismo año mientras yo me preparaba para viajar a Managua desde Rio con mi bebé, le daban a Mandela el premio Nóbel en Oslo.  Un buen año.

El próximo 18 de Julio de 2008, el mismo día del aniversario del fallecimiento de mi padre y un dia antes del aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua, Nelson Mandela cumplirá 90 años.  Yo ahora soy una mamá de tres hijos buscando conseguir algún tipo de trabajo en Noruega.  No puedo si no soñar en ver a Mandela de cerca, me toca verlo por la tele, leerlo en sus libros y sentirme dichosa "by proxi" porque conozco a alguien que se ha sentado con Mandela, que le ha visto, lo ha tocado y le ha oído hablar.  

Por muy bien que esté su presión arterial, 90 años son 90 años y mi vida no tiene visos de cambiar mucho hasta al punto que pueda ser yo una de las personas que tenga el privilegio de saludar a Mandela algún dia en un futuro cercano.  Aunque él se vaya antes que yo, soy yo la que me voy a morir sin verlo.  

Me consuela pensar que hemos vivido al mismo tiempo y que a pesar de la distancia, Nelson Mandela ha sido durante los últimos veinte años,  una noble y constante presencia en mi vida. 

Tuesday, August 28, 2007

Ataque de nostalgia

Ahora sí que me estoy volviendo vieja. Hoy he tenido un ataque serio de nostalgia, con lágrimitas y todo.

No me acordé de nada emocionante, de mi padre recién fallecido, ni de mi madre ausente desde hace ya demasiado tiempo. Me acordé de cuando era jóven -¿más jóven?- no, no, dejémonos de cuentos, de cuando era realmente jóven.

Me acordé de Itaca, de mí Itaca, de "Ithaca, New York, Centrally Isolated" como decía una camiseta que llevaban los estudiantes de mi universidad. Del campus con el mayor índice de suicidios de la Ivy League, de belleza sobrecogedora con las caídas de agua, los bosques majestuosos, la sombra casi perpetua.

Pero sobre todo me acordé de mí, de lo era no tener casi pasado y tener sólo planes, planes y más planes, de tener la trillada "vida por delante", pero de verdad, sin hacer cuentas de cuánta vida útil me queda antes de tener edad para retirarme.

Me acordé del "Ann´s Revenge" -café con sabor a avellanas y salsa de chocolate-, de la sopa de almejas, de la vez que me caí sóla de camino a la universidad y perdí un zapato rojo, que me costó encontrar, del ataque de risa que me dió solita buscando el zapato......Me acordé del tiempo en que era yo sóla, cuando el pensar en mí no era egoismo sino lo normal.

Los brunches de los domingos, la misa para socializar, el enamoramiento imposible, la tésis de puro trámite, la música a todo volúmen en el walkman por entre los bosques, el bocadillo en la colina, el último Camel que me fumé, mi compañera de piso fantasma.

Lo peor es la tristeza infinita que me da saber que no hay forma humana de volver atrás, no para deshacer lo hecho o enmendar los errores, sino simplemente para volver a vivirlo otra vez y otra vez, y otra vez.

La antieulogía

Hoy se ha muerto Francisco Umbral, un intelectual español que me caía mal.

Nunca entendí a Paco, como le llamaban muchos de sus amigos. Siempre me pareció un pedante, una de esas personas que escribe para sus íntimos, columnas con significados ocultos, indescifrables para los no iniciados, de esas que te hacen sentir una hormiga por no ser española, por no ser de Madrid y por no haber merecido nunca el honor de conocer personalmente al gran escritor e intelectual Francisco Umbral. A decir verdad, el difunto es de las personas que a mí me hubiese dado pánico conocer, pues tenía esas miradas de juzgado de guardia: "-Vamos a ver, ¿tú a qué te dedicas? ¿qué has leído? ¿de dónde vienes? Si fuese newyorkino su pregunta lapidaria hubiese sido ¿what´s your story? Y eso para una persona sin profesión respetable o siquiera remunerada, que lee best-sellers, proveniente de un mini-país y con una historia de gente corriente, pues es matador.
Me llama la atención que aparte de sus méritos literarios, nadie menciona si era casado, si tenía hijos -sólo que se le murió uno de seis años-. Se mencionan sin embargo sus bufandas blancas y sus gafas de pasta, su voz profunda. Si Francisco Umbral hubiese sido mujer, otro gallo cantaría.

Pero Umbral no era mujer, ni yo lo conocía y a pesar de que me sigue cayendo mal, espero que descanse en paz.

Sunday, April 15, 2007

¡Bendito sea el calentamiento global!

Que no me oigan Al Gore y los suyos, pero si esta primavera gloriosa en el hemisferio norte es producto del calentamiento global...es difícil no desear que el Artico se deshaga de una vez por todas.

A pesar de no haber visto el famoso documental que ha despertado la conciencia de gran parte del mundo, no soy una inconsciente y sé que lo del cambio climático es serio y que mientras yo disfruto de esta cálida primavera -20 grados en Londres y Oslo, 27 en Bruselas, casi 30 en Colonia- se ha desbordado algún rio, hay poblaciones inundadas y cosechas que se han ido algarete.

Pero por una vez no quiero sentirme parte de la aldea global y sólo quiero disfrutar del solecito nórdico, sentada en la terraza, viendo una puesta de sol a las ocho y pico de la tarde, sin chaqueta...descalza.

Mañana retiraré lo dicho en aras de lo políticamente correcto y de una genuina preocupación por el futuro de mis nietos. Lo prometo.

Ecologismo en el supermercado

Ayer compré y nos comimos un pollo que en vida fué feliz. Y lo digo con convencimiento, porque el pollo me costó lo suyo, pero yo que no tengo "la cuchara" y tengo que seguir las recetas al pié de la letra, hice caso y me aseguré de que el pollo que iba a terminar en mi horno, se lo hubiese pasado bomba en vida.

Según la receta, muy inglesa ella, los pollos que viven al aire libre, picotean por el suelo y corren a sus anchas por la granja, son felices y producen la carne más sabrosa. Nada dice la receta sobre las espectativas que tendrá ese pollo sobre su destino, si es que las tiene, pues el saber que iba a terminar decapitado de mala manera, desplumado, vaciado, embalado y luego incinerado en mi horno, son para estresar a cualquiera.

Pero bueno, yo compré un pollo feliz y me lo comí sin remordimiento. Y la verdad es que nunca había sentido remordimiento por comerme un pollo desgraciado. Es más, a veces hasta me he sentido redentora de pollos: esos pobres pollos que viven una vida breve encerrados en enormes hangares, sin salir a ningúna parte, rodeados de una algarabía ensordecedora...para esos pollos la muerte es una liberación. Esos pollos no se suicidan por falta de espacio, porque seguro que ganas no les faltan.

Esta nueva corriente de eco-consumo dice que yo debo de sentirme más a gusto conmigo misma, cuando me coma un pollo que fué feliz, que disfrutó de los placeres mundanos de la granja, que vió atardeceres y que tuvo oportunidad de corretear bajo el sol. Y a mí eso me parece cruel. Yo prefiero lo de la redención y comerme al pollo liberado de su brutal existencia. Encima, ese pollo triste es más barato...y tristemente sabe casi igual que el pollo feliz, pues el sabor del pollo está determinado por el pienso que come y no por su calidad de vida ¿A quiénes pretenden engañar? Como diría mi portero favorito: "Un poquito de por favor".

Thursday, November 16, 2006

Falsa alarma

Iba a escribir sobre la nieve, porque el lúnes pasado parecía que había llegado ya la primera nieve del invierno, pero fué sólo una falsa alarma o mas bien un aperitivo de lo que se avecina.

La nieve es muy discreta, al contrario de la lluvia que a pesar de que en estas latitudes rara vez se anuncia con truenos y relámpagos, se deja oir cuando cae. La nieve no. En estas casas de doble cristal, como no estés frente a una ventana, ni te enteras que está nevando. Empiezas a notar mas silencio del normal, como si de pronto no hubiese tráfico en las calles y es que los coches sobre la nieve van como de puntillas. Luego se asoma una y ve toda la calle alfombrada.

Esta primera nieve fué efímera. Una noche nada mas, pocos centímetros. Al dia siguiente ya no había alfombra y estaba todo helado, era como andar sobre jabón, porque el hielo no es que sea discreto, ese es clandestino y traicionero.

Un mal paso y ¡zas!