Saturday, September 11, 2021

Un caballero da las gracias.


Leo en el diario una carta que un señor de nombre Per Fugelli,  médico especializado en medicina social y noruego a pesar del apellido italiano, ha escrito dando las gracias a Noruega. El señor Fugelli de 74 años tiene cáncer y siente que tiene poco tiempo, así que ha decidido darle las gracias a su país y a sus conciudadanos.

La carta es conmovedora. En ella da las gracias al pais y sus habitantes por la paz, la seguridad; la posibilidad de elegir y criticar a los gobernantes; el sistema de salud, eficiente y gratuito; las escuelas, también gratuitas, la prensa libre, las instituciones honestas, el transporte público, en fin, por todo lo que hace de este país un verdadero modelo de democracia.

Hoy, a dos dias de las segundas elecciones generales en las que puedo votar, yo también me siento agradecida al destino por haber aterrizado aquí. Nacida en el calor, el desorden y la violencia de Nicaragua, no ha sido difícil acostumbrarse a la serenidad nórdica. Si bien es cierto que uno no escoge el pais donde nace, he tenido la dicha de poder escoger el pais donde vivir el resto de mis dias. 

Ha sido una muy buena elección. 

Escribí esto hace la friolera de veinte años. Aún parece mentira.


New York, New York, mi homenaje personal.

 

Todos los habitantes del planeta que tienen acceso a TV, aunque nunca hallan puesto los pies allí, sienten que han estado en Nueva York.  Todos conocemos sus calles, sus vistas, su ritmo frenético, su Barrio Chino, Little Italy, etc.  Sospecho que esa constante exposición mediática es una de las muchas razones por las que muchos se sienten directamente implicados en la tragedia....

 

Pero ya los negocios están abriendo, la bolsa ha reanudado sus operaciones, en fin....que la vida sigue, con muchas ausencias, pero sigue.  Así que después de pasada una semana, no entiendo cómo se me sigue haciendo un nudo en la garganta cada vez que pienso en el asunto....Yo sé que no es para menos, pero hay algo, que en mí, va mas allá de lo inmenso de la tragedia.

 

He vivido en diferentes ciudades y en todas he sido muy feliz, pero hay algo que me une muy especialmente con Nueva York.  Yo fuí una vez una de esas ejecutivas aceleradas con abrigo y zapatillas de deporte, caminando con mi walkman a toda prisa, desde mi apartamento en el piso 23 de un rascacielos, a mi oficina en el piso 31 de otro rascacielos.  Los domingos me iba de paseo al Central Park y no sé ni cuándo, yo, que hasta el momento había sido medio Herodes, empecé a fijarme en los niños y a ilusionarme con la perspectiva de pasear a un bebé por aquel parque...Me tocó comprar mi test de embarazo en un drugstore de la esquina de mi casa y en una libreria de la otra esquina me compré todos los libros que pude sobre embarazo, parto y lactancia, entre ellos ese del título que me pareció tan especial "El Arte Femenino de Amamantar"...que ya hojearía después de dar a luz.  Me compré mi ropa de embarazo (incluído el vestido de mi boda) en una tienda que se llamaba "The Executive Mom" y comencé a comprar ropita del Baby Gap para el bebé.  El carrito lo encontré en una tienda del Lower East Side.  Mis colegas del trabajo me hicieron un "baby shower" en una sala de conferencias de las Naciones Unidas con vistas al East River.

 

La enfermera que me acompañó en un parto que duró bastante mas que su turno, llevaba unos aretes de cigueña con bebé incluído y cuando yo estaba ya al borde de la desesperación, llegó otra enfermera, enorme, que con elinconfundible acento de la ciudad me dijo: "OK, dices que quieres una cesárea? pues imagínate este dolor por tres dias mas....eso es una cesárea, y eso "cariño" sí que es dolor."  Y por supuesto, no hubo cesárea, sino un poco mas de esfuerzo, aplausos como en un partido de béisbol e Inés.  Saint Luke-Roosevelt Hospital, Junio del 93.

 

De camino a casa con mi hija en brazos, a la salida del hospital,  me saludaron todos los porteros de mi calle.  Cuando volví a hacer compras los empleados de "mi" supermercado que me habían visto embarazada se acercaron a ver a la niña.  Y desde mi apartamento, con los pechos destrozados, llorando de impotencia llamé a un número con prefijo 212 (de Manhattan) pidiendo ayuda.  Me contestó una líder de LLL, un ángel, anónima hasta hoy, que por cerca de cuarenta y cinco minutos, fué mi madre, mi padre, mi hermana, mi

amiga, mi ginecóloga, mi pediatra, mi psicoanalista....y que según me dijo al final era "nueva en ésto", que trabajaba en la Bolsa, que tenía una hija de tres años y que hacía "ésto" voluntariamente, gratis.

 

Otro número 212 me conectó con la mujer que me llevó a casa y me enseñó a manejar el sacaleches que yo había alquilado para ver si en verdad salía "algo".De Nueva York era también el pediatra ya mayor, gordito y bajito, quedespués de preguntarme sin miramientos, si le iba a pagar con cheque o en efectivo, se puso a jugar con mi bebita, a acariciarla como un abuelito por un largo rato, antes de examinarla lenta, meticulosa y amorosamente. 

 

En ese hervidero de gente que es esa ciudad, amamanté a mi hija en autobuses, en  los bancos de los parques, en las escaleras de los museos, en los probadores de las tiendas de la Quinta Avenida...y los neoyorquinos, al parecer siemprecon prisas y tan ensimismados en su propio mundo, me cedían los asientos en el autobus, le tocaban los pies desnudos a Inés....y por supuesto, me daban su opinión sobre todo: la forma en que la cargaba, la mucha o poca ropa que llevaba, las mejores mochilas, que si debería llevar gorro, que le pusiera calcetines. Nunca supe quien vivía en el apartamento de al lado, pero cuando iba por la calle con la niña en brazos era como tener 20 millones de vecinos metiches.

 

Y es difícil caminar por allí con un carrito de bebé y hay muchos coches y el ruido es infernal, todo el mundo va a lo suyo y en invierno se te hielan hasta las ideas....pero la Lavinia-mamá nació allá y gracias a esa "líder-ángel" la Lavinia-líder (de LLL) también nació allá.  Mi maternidad, unida desde entonces y para siempre a La Liga de la Leche, tiene mucho que vercon Nueva York .....por eso, esos aviones que atacaron el territorio de tan

entrañables memorias, también me pegaron a mí.

 


Madrid, Septiembre 2001

Thursday, August 10, 2017

Agurk tiden.



Tiempo de pepinos, por estar lleno de agua y no saber a nada, así le dicen los noruegos a la prensa de verano, al tiempo en que el periódico viene delgadísimo sin muchas páginas y sin mucho que contar. Pero en éste tiempo de pepinos me he encontrado yo verdaderas joyas en Aftenposten, el periódico al que estoy suscrita. Artículos interesantes e inspiradores escritos por los becarios de verano. Prometen esos chicos. 

Sin disculpas por no escribir



No me voy a disculpar. No tengo disciplina para escribir y ¡qué le vamos a hacer! Curioso que lo último que escribí fué también otro verano en que me fuí también a Grecia. Ese año fuimos a las islas Cícladas y éste hemos ido a las del Dodecaneso. Ambas recomendables.

Sunday, June 23, 2013

¡Cuánto tiempo!

Muchas lunas desde que me sentara a escribir.

Hoy estoy otra vez en verano, de vacaciones, sin demasiados planes a la vista y muy a gusto. Vamos a ver si en estos dias lentos, sin muchos quehaceres, vuelvo al redil.

Sunday, August 01, 2010

Verano 2010,Mis vacaciones en multitud.


Nos preparamos para ir de vacaciones. Hay que pedir que nos guarden el correo, suspender temporalmente el periódico, buscar un lugar para las pocas joyas, que más que valor material tienen valor sentimental.....y luego proteger las joyas de verdad, las memorias digitales.

Como han habido algunos robos en casas de gente que conozco en mi barrio, me hice la pregunta ¿Qué es lo más valioso que tengo en mi casa? ¡Mi computadora! Allí viven ahora todos mis amigos, allí tengo archivadas miles de cosas: cartas, diarios, escritos inéditos, lecciones de español, el acceso al dinero, y nuestras fotos, nuestros videos....las cosas que en caso de desastres naturales o de robo, no hay seguro que te reponga. Así que hice copias de seguridad como loca, siempre a última hora, pero las hice y las dejé a buen resguardo en casa de unos amigos. ¡Phewwww!

Como el mantra de las vacaciones es "desconectar" el consejo de familia decidió que la computadora portátil se quedaba en casa.....y yo me empecé a estresar: ¿Tres semanas sin email, sin internet? ¡Sobre mi cadáver!

Vamos a ver, yo no soy "workaholic", pero soy gregaria compulsiva. Eso de irme a un lugar en plan ermitaña, alejada del mundanal ruido definitivamente no va conmigo. ¡A mí me encanta el mundanal ruido! Soy definitivamente urbana, adoro el asfalto y la contaminación, y sobre todo me gusta sentirme rodeada de gente. Disfruto de mis momentos de soledad, cuando sé que los puedo romper con una llamada de teléfono, o con simplemente salir y caminar unos cuantos minutos. Sufro lo indecible cuándo no puedo leer periódicos, cuando cuando no puedo localizar a la gente que quiero y ellos no me pueden localizar a mí.

Desde hace meses tengo uno de esos teléfonos inteligentes, un iPhone, así que configuré mis cuentas de correo y me dispuse a viajar con el ciberespacio siempre al alcance de la mano. Destino: La Antigua Grecia, paraíso arqueológico..........y territorio hiperconectado. Hot spots por todo Atenas, hoteles con wifi y computadoras a disposición de los huéspedes. Luego seguimos a las islas, las Cícladas, y el mismo panorama: ¡internet hasta en la playa!

!Fantástico! Sentí que me iba de vacaciones con toda mi gente, con la tranquilidad de saber que no me encontraría sorpresas a mi vuelta. Adoro la tecnología que permite que vivamos constantemente y mundialmente acompañados.






Sunday, July 06, 2008

Noventa años de Mandela

Durante las década de los ochenta vivía yo en Managua, Nicaragua, en lo que políticamente podría ser considerado uno de los puntos calientes del planeta.  En las noticias todo el dia, con un montón de cosas pasando, un pais chiquito en medio de la guerra fría que llegaba a su fín.

Sinembargo yo estaba interesada en otra realidad, otras injusticias lejanas y mi obsesión era un preso político, Nelson Mandela, que llevaba preso casi tanto tiempo como yo llevaba viva.

Si la existencia del muro de Berlín había sido mi obsesión de niñéz: ¿Una pared que divide una ciudad, cómo es posible? Mandela se convirtió en mi obsesión de adulta.  Ganada la Revolución en Nicaragua, lo del apartheid en Sudáfrica me parecía la urgencia más grande del mundo.

¿Cómo podía yo irme a dormir todos los días sabiendo que en ese país seguían pasando cosas como las que yo había visto en la tele, en los años 5o en los Estados Unidos?  Y estábamos en el siglo 20 y los sudafricanos blancos viajaban -yo había conocido a uno cuando vivía a Barcelona- y podían ver que vivían en un total anacronismo.  ¿Cómo vivir indiferente a lo que allí pasaba?

El calendario de mi oficina en el Centro de Información de las Naciones Unidas en Managua, estaba marcado por las celebraciones africanas: el dia de Soweto, el dia de las mujeres de Soweto, el dia de la SWAPO, etc. y yo me dediqué a recorrer los colegios y universidades de la Nicaragua revolucionaria con el proyector y los rollos de películas que hablaban sobre la lucha de Mandela, que explicaban la mentalidad del "rand", la resistencia de su mujer Winnie, el levantamiento de Soweto -un lugar tan parecido físicamente a los asentamientos de Managua y sin embargo, tan lejano- y por extensión la lucha del SWAPO por la liberación de la vecina Namibia.  

Nadie me hacía caso.  La realidad del país, la guerra de la contrarevolución, las necesidades, los racionamientos de gasolina, hacían que las aspiraciones del Africa austral, no le interesaran a nadie en Nicaragua. Es como cuando uno está enfermo, que se vuelve egoista y es incapáz de pensar en las necesidades de los demás.

Me tocó nutrir solita mi obsesión.  Cuando estaba a punto de terminar mi tésis de maestría en USA en el 88, me ofrecieron ir con la ONU a trabajar en la organización y la supervisión de las elecciones en Namibia.  De Namibia a Sudáfrica...¡un paso! Sin embargo dije que no, con todo el dolor de mi alma.  Irme significaba dejar la tésis y por lo tanto mi grado sin terminar.  No graduarme.  Durante muchos años me he convencido de haber hecho lo correcto: si me hubiese ido, no hubiese vuelto a Nicaragua, no hubiese conocido a mi marido, no tendría hoy a mis hijos.

A pesar de mis afectos que son muchos, de mis hijos y mi marido a los que adoro, de mi vida inesperada pero feliz, son muchas las veces que he repasado el momento en que tomé esa decisión como una película y con mucha nostalgia.  Lo que pudo ser y no fué.  No me atrevo a comparar ni a elucubrar sobre lo que haría si la vida me diese otra vez esa oportunidad.  Esa es una segunda oportunidad que estoy segura que no voy a tener y he aprendido a vivir con esa decisión.  Es lo que toca hacer. 

En Febrero de 1990 soltaron a Nelson Mandela y nadie me hizo caso cuando llegué toda contenta a la oficina.  En Nicaragua estábamos todos pendientes de las elecciones, en las que luego saldría derrotada la Revolución.  Un mismo mes para pasar de la más sincera alegría a la más profunda de las tristezas.

A principios del verano de 1993 nació mi hija mayor.  En diciembre del mismo año mientras yo me preparaba para viajar a Managua desde Rio con mi bebé, le daban a Mandela el premio Nóbel en Oslo.  Un buen año.

El próximo 18 de Julio de 2008, el mismo día del aniversario del fallecimiento de mi padre y un dia antes del aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua, Nelson Mandela cumplirá 90 años.  Yo ahora soy una mamá de tres hijos buscando conseguir algún tipo de trabajo en Noruega.  No puedo si no soñar en ver a Mandela de cerca, me toca verlo por la tele, leerlo en sus libros y sentirme dichosa "by proxi" porque conozco a alguien que se ha sentado con Mandela, que le ha visto, lo ha tocado y le ha oído hablar.  

Por muy bien que esté su presión arterial, 90 años son 90 años y mi vida no tiene visos de cambiar mucho hasta al punto que pueda ser yo una de las personas que tenga el privilegio de saludar a Mandela algún dia en un futuro cercano.  Aunque él se vaya antes que yo, soy yo la que me voy a morir sin verlo.  

Me consuela pensar que hemos vivido al mismo tiempo y que a pesar de la distancia, Nelson Mandela ha sido durante los últimos veinte años,  una noble y constante presencia en mi vida.