Eso es lo que me falta y lo requiere la escritura. Sentarse y dedicar un ratito a recomponer las ideas, ordenar pensamientos y sacarlos. Por pequeños e imperfectos que sean. Todavía nadie me lee. No le he dado la dirección a nadie hasta que haya interiorizado la disciplina y escriba regularmente. Porque por muy mal que lo haga, puedo crear adictos y habrá gente que espere estos párrafos. Otra lección que he aprendido de mi amiga Ana, aunque ella no lo sabe.
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