Dorita está enferma. La pobre está muy mal.
Es mi amiga de muchos años. Nos conocimos en el invierno del 2002 en Madrid y desde entonces somos inseparables, salvo en la vacaciones, que pasamos generalmente cada una por su lado y durante las cuáles seguramente la echo yo mas de menos a ella que ella a mí.
Ha sido mi punto de apoyo, el ancla necesaria en mis mudanzas. Me acompaño el primer año de mi entusiasmo por Bélgica y también durante el segundo, en que perdía mañanas enteras preguntándome "¿Qué carajo hago yo aquí?". Se vino con nosotros a Noruega, pasó el primer invierno, el primer verano, pero yo la venía notando rara desde después de Navidad.
Mis hijos la quiere y entre mas la conocen mejor les cae, pero Matías la agota. Nunca me ha dicho nada, pero creo que esas tardes interminables jugando a los Sims o al FIFA 2006, han empeorado los síntomas de su enfermedad. Es incapáz de hacerle un desaire al niño, pero creo que si pudiese, saldría corriendo cada vez que llueve, porque sabe que esos son los dias en los que él generalmente le pide jugar.
A principios de año la empecé a notar cansada, el andar mas lento. Le costaba acordarse de cosas. Se eternizaba en las tareas mas sencillas. No le dije nada, pero le recomendé a los niños que la mimaran un poco, que no la hicieran jugar tanto. Hace poco le compré un aparato de esos para oir mejor y parece que la cosas mejoraron un poquito. Pero poco. Yo siempre había admirado su capacidad para hacer miles de cosas a la vez y esa agilidad la ha perdido. Se acuerda de las cosas, después de hurgarse el cerebro mucho tiempo, pero mientras está concentrada en recordar, no le hables de otra cosa. No puede con ello. Me da pena.
Ayer nos dieron el diagnóstico definitivo. Tiene Alzheimer, avanzado. Todos sabemos que para eso no hay cura. Yo me niego a darme por vencida sin mas. Rastreo internet en busca de algún tratamiento que le pueda servir. Mi marido, siempre tan práctico me aconseja desistir. Pero claro, su relación con Dorita es diferente. Nunca la ha querido mucho, le echa la culpa de todo lo que le sale mal y siempre la ha visto de octava categoría. En el fondo le tiene celos, por las muchas horas que pasamos juntas. Sabe que Dorita sabe de mí cosas que él no sabe. Que además ella es insobornable, celosísima de mi intimidad y que nunca le revelará mis secretos.
Las amigas de mi marido suelen ser esas superejecutivas divinas de la muerte, eficientísimas y delgadísimas. Supongo que él quisiera que me buscara amistades como las suyas. Puede que sea tiempo de considerar relacionarme con mujeres mas jóvenes, mas despreocupadas, que me contagien un poco de entusiasmo por el cambio. Pero por ahora la certeza de que voy a perder a mi amiga del alma, me pesa y me entristece.
No voy a dejar piedra sin remover en busca de ese tratamiento. Se lo debo a mi amiga. Me lo debo a mí misma, porque ¿qué clase de ser humano es ese que abandona a los amigos al primer signo de decrepitud?
Dorita es mi computadora. Se ha quedado sin memoria RAM y el tipo de memoria que ella utiliza no se fabrica más.
3 comments:
COOOL! Pobre la compu! Yo tambien la quiero mucho, todos los trabajos de la escuela en los que me ayudo. LUV the text mom!
LUV U, Ines
COOOL! Pobre la compu! Yo tambien la quiero mucho, todos los trabajos de la escuela en los que me ayudo. LUV the text mom!
LUV U, Ines
Casi me da algo. Llevo todo el texto preguntándome quien puñetas es Dorita y cómo es posible que yo no la conociera. Así que la computadora. Casi me quedo con tu marido y las suyas, je, je, je.
Enhorabuena por el blog. Te seguiré. Y que sepas que escribes divinamente bien. Un besazo desde Bruselas. Ana
http://unrespiroporfavor.blogspot.com
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